el engaño

La habitación estaba helada cuando ella llego. Era un lugar sórdido, de sórdida paredes y sórdida barriada. Sus manos se colgaron en mi cuello, el anhelo era evidente, del lívido, ni hablar.
Pregunte si él sabia de algo, si él lograba sospecharme; solo pregunte casualmente, solo pregunte por preguntar. A ella le incomodaba la idea, dijo escuetamente "no te interesa" sin esperar respuesta mordió mi boca como si fuera un trago de agua que deseaba por horas. Mi imaginación volaba mientras su triste camisa se desprendía de su piel y el sostén se mostraba como una pequeña armadura frente a un ejército de gurkas dispuestos a despedazar al enemigo.
Ella me llevo a la cama y me ahogue en su piel mientras su falda arrancaba, como podría ser ella la que apagara este ardor dentro de mi, ella no debía serlo y la culpa se repetía en mi cabeza.
Me perdí en el movimiento constante yo arriba ella abajo, el sudor en su cuerpo era mi vino en la copa, su piel era el placer que quería morder. Su mirada desafiante en mi rostro, su mirada penetraba mi cabeza como banderillas al toro en la arena, jalé su cuerpo hacia el mío, como asesinando a la bestia que llevaba por dentro. Me nombraba de memoria, mi nombre se repetía en la pieza, como si fuera solo el que existía. Era un faro en medio de la oscuridad indicándome en la tormenta acá estoy, acá esta tu isla, tu orilla de playa, tu arrecife sin destino. Sus piernas estrangulaban mis caderas, pidiéndome que permaneciera estoico y firme mientras mi alma se imbuía en la de ella. Sus obscenidades eran mi himno de batalla, su vitoreo era lo único que me permitía seguir en la lucha entre su cuerpo y el mío. La volteé hacia arriba, para que alcanzara las estrellas, hacia abajo para que viera lo más profundo del abismo y el infierno donde permaneceríamos por nuestro pecado. Era incansable y sin sosiego, era virgen y puta, era mi mujer y amante.
Los minutos no avanzaron, solo era un momento en que el espacio dejo de moverse y una vez mas pregunte por él, en el juego intenso y exigente en el que estábamos, mientras su alarido ensordecía mi alma…"No te interesa…no te interesa" concluyó debilitada, mientras sus pulmones perdían el aire tras el último gemido que me dio y mi humanidad se acongojaba tras su placer constante, prolijo y extenso. La eché a un lado calmo para que no percibiera mi incomodidad, dejando una huella que me guiara al próximo encuentro, dejando solo una pequeña línea que seguir para repetir el momento, el lugar y la acción, repetir esta necesidad de culpa que nos invadía, para hundirnos cada vez mas hasta llegar al averno.
Sin pedírselo me lo revelo, solo comenzó a hablar la culpa la obligaba a responder una pregunta que yo no hice su engaño hizo nacer la moral que hasta ahora no existia… "con él no estoy hace meses, dejo la casa hace 3 semanas".
Prendí el cigarro que estaba esperándome en el velador. "Solo quiero estar contigo" continuó, tome mi ropa sin escuchar realmente lo que me hablaba; solo me vestí.
El cigarro seguía en mi boca mientras el humo entraba en mi ojo, obligándome a cerrarlo. Ella balbuceaba y balbuceaba, su verborrea era molesta. La mire a los ojos y le dije "me mentiste" y cerré la puerta tras de mi. Pobre Magdalena, mi pobre Magdalena quedo allí…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Colchon

Jarmiloj

Cuentera