el engaño
La habitación estaba helada cuando ella llego. Era un lugar sórdido, de sórdida paredes y sórdida barriada. Sus manos se colgaron en mi cuello, el anhelo era evidente, del lívido, ni hablar. Pregunte si él sabia de algo, si él lograba sospecharme; solo pregunte casualmente, solo pregunte por preguntar. A ella le incomodaba la idea, dijo escuetamente "no te interesa" sin esperar respuesta mordió mi boca como si fuera un trago de agua que deseaba por horas. Mi imaginación volaba mientras su triste camisa se desprendía de su piel y el sostén se mostraba como una pequeña armadura frente a un ejército de gurkas dispuestos a despedazar al enemigo. Ella me llevo a la cama y me ahogue en su piel mientras su falda arrancaba, como podría ser ella la que apagara este ardor dentro de mi, ella no debía serlo y la culpa se repetía en mi cabeza. Me perdí en el movimiento constante yo arriba ella abajo, el sudor en su cuerpo era mi vino en la copa, su piel era el placer que quería morder. Su...