Kabuki
El puño revestido en el cuero rojo se aproximaba como el tren inexorablemente a su rostro, estaba perdido, no había duda no era mejor que él. Lo llamaban el Búfalo Morales por sus grandes cavidades nasales. Cada vez que quiso ir a verlo no tenía dinero o simplemente la fiesta con las putas de mala muerte que tanto le gustaban estaba mejor. Y ahora estaba ahí, frente a frente, los ojos eran los de una animal despiadado con ganas abrumadoras de devorarlo, pero que antes de hacerlo masticaría golpe a golpe cada uno de los músculos legalmente permitidos en la pelea.
No le dolió mucho el impacto del primer golpe, porque después de la paliza propinada en los rounds anteriores al parecer le adormeció los músculos faciales, pero el gancho propinado bajo sus costillas le dejo sin respiración y algo desesperado; el jab posterior en el lado derecho lo compenso y lo trajo a la realidad de nuevo, pero las manchas negras que veía crecieron; pero seguía en pie, su danza seguía teniendo ritmo a pesar del abucheo de la tribuna.
Apostadores, abogados, señores de familia, depravados de cantinas, niños con sus padres, rameras esperado alguna divisa nocturna por parte del campeón… solo querían que su carne quedara tirada en el cuadrilátero y el Búfalo los complacía a cabalidad, era el señor corales del circo, el gran shogun en la obra kabuki sobre el ring.
El calor lo hacía sudar como burro en el verano, trato de dar un par de golpes rápido, pero todo termino en un abrazo, ya no daba más, la ceja izquierda estaba realmente inflamada, le cerraba el ojo. Cuando se percato de ello un rápido golpe volvió a darle en el mismo lugar, fue cuando la campana sonó. “¿Por qué mierda no la golpeaste antes?” pensó, pero la suerte no era una amiga muy cercana para él ese día. El banquillo le esperaba, su entrenador trataba de aleonarlo de manera tonta queriendo hacerle ver su supuesta “superioridad” contra el Búfalo, él no le creía y no lo hacía callar por respeto a los años del pobre viejo, solo se concentro en el corte de que le darían para bajar la hinchazón y poder ver de manera un poco más clara.
El frenesí contagiaba a todos, era un verdadero circo romano esperando ver como los cristianos eran cercenados por los leones hambrientos de áfrica traídos para deleite de algún emperador loco y un pueblo que quería pan y circo, lo peor era que su destino era el de mártir. Cuando lo entendió, la campana le puso el corte final, se entrego.
Un jab derecho para alejarlo, se volvió a acercar para recibir uno nuevamente, el gancho izquierdo venia desde abajo le dio en el mentón pero no de lleno lo cual lo alegro, pero no por mucho porque mientras pensaba, cuan martillo venia a castigar su ojo nuevamente entro un gancho derecho. Perdió el ritmo por un instante, lo cual lo alejo del verdugo, no por mucho porque este a pasos agigantados se acerco derecho y firme, le cobro el gancho en el mentón, se lo cobro con creces. La fuerza del golpe casi lo levanto de su eje, alcanzo a pisar con la punta pero ya era tarde. Se desplomó sin gracia, sin honor, solo cayó; la cuerda era su amiga y lo sostenía por el brazo izquierdo nadie era su aliado en ese instante, todos se alegraron de verlo caer. El árbitro le pregunto algo que no entendió, trato de pararse una vez más, pero el K.O. era una sensación tan natural como respirar.
Reaccionó lentamente, ya tenía puesta la bata cuando anunciaron el triunfo de Morales. Levanto las manos junto a su contendor y el abrazo de los guerreros, el cual consideraba de un cinismo casi atribuible a los políticos ya que lo único que quería el campeón era matarlo, pero en fin.
Volvió al camarín cabeza agacha, llego el viejo entrenador y lo miro a los ojos, tras él se cerró la puerta. Se metió la mano al bolsillo de atrás sacando un sobre americano arrugado, con unos billetes adentro, los conto delante de él y los repartió equitativamente.”… mañana llega la otra mitad”, el boxeador lo miro con odio y pena… ”Todos nos vendemos algún día hijo… algunos por el vino, otros por maracas, otros por mantener al crio… relájate el orgullo se pierde y después no le echas de menos” se le acerco y le dio un beso en la mejilla, “¿tranquilo?” pregunto…”si papá… tranquilo”.
No le dolió mucho el impacto del primer golpe, porque después de la paliza propinada en los rounds anteriores al parecer le adormeció los músculos faciales, pero el gancho propinado bajo sus costillas le dejo sin respiración y algo desesperado; el jab posterior en el lado derecho lo compenso y lo trajo a la realidad de nuevo, pero las manchas negras que veía crecieron; pero seguía en pie, su danza seguía teniendo ritmo a pesar del abucheo de la tribuna.
Apostadores, abogados, señores de familia, depravados de cantinas, niños con sus padres, rameras esperado alguna divisa nocturna por parte del campeón… solo querían que su carne quedara tirada en el cuadrilátero y el Búfalo los complacía a cabalidad, era el señor corales del circo, el gran shogun en la obra kabuki sobre el ring.
El calor lo hacía sudar como burro en el verano, trato de dar un par de golpes rápido, pero todo termino en un abrazo, ya no daba más, la ceja izquierda estaba realmente inflamada, le cerraba el ojo. Cuando se percato de ello un rápido golpe volvió a darle en el mismo lugar, fue cuando la campana sonó. “¿Por qué mierda no la golpeaste antes?” pensó, pero la suerte no era una amiga muy cercana para él ese día. El banquillo le esperaba, su entrenador trataba de aleonarlo de manera tonta queriendo hacerle ver su supuesta “superioridad” contra el Búfalo, él no le creía y no lo hacía callar por respeto a los años del pobre viejo, solo se concentro en el corte de que le darían para bajar la hinchazón y poder ver de manera un poco más clara.
El frenesí contagiaba a todos, era un verdadero circo romano esperando ver como los cristianos eran cercenados por los leones hambrientos de áfrica traídos para deleite de algún emperador loco y un pueblo que quería pan y circo, lo peor era que su destino era el de mártir. Cuando lo entendió, la campana le puso el corte final, se entrego.
Un jab derecho para alejarlo, se volvió a acercar para recibir uno nuevamente, el gancho izquierdo venia desde abajo le dio en el mentón pero no de lleno lo cual lo alegro, pero no por mucho porque mientras pensaba, cuan martillo venia a castigar su ojo nuevamente entro un gancho derecho. Perdió el ritmo por un instante, lo cual lo alejo del verdugo, no por mucho porque este a pasos agigantados se acerco derecho y firme, le cobro el gancho en el mentón, se lo cobro con creces. La fuerza del golpe casi lo levanto de su eje, alcanzo a pisar con la punta pero ya era tarde. Se desplomó sin gracia, sin honor, solo cayó; la cuerda era su amiga y lo sostenía por el brazo izquierdo nadie era su aliado en ese instante, todos se alegraron de verlo caer. El árbitro le pregunto algo que no entendió, trato de pararse una vez más, pero el K.O. era una sensación tan natural como respirar.
Reaccionó lentamente, ya tenía puesta la bata cuando anunciaron el triunfo de Morales. Levanto las manos junto a su contendor y el abrazo de los guerreros, el cual consideraba de un cinismo casi atribuible a los políticos ya que lo único que quería el campeón era matarlo, pero en fin.
Volvió al camarín cabeza agacha, llego el viejo entrenador y lo miro a los ojos, tras él se cerró la puerta. Se metió la mano al bolsillo de atrás sacando un sobre americano arrugado, con unos billetes adentro, los conto delante de él y los repartió equitativamente.”… mañana llega la otra mitad”, el boxeador lo miro con odio y pena… ”Todos nos vendemos algún día hijo… algunos por el vino, otros por maracas, otros por mantener al crio… relájate el orgullo se pierde y después no le echas de menos” se le acerco y le dio un beso en la mejilla, “¿tranquilo?” pregunto…”si papá… tranquilo”.
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