Réquiem
Hoy renuncio, entre los chocolates que no probaras y las flores que no recibirás, porque es tiempo de olvidarme de nuestro momento y de que fuimos dos tratando de ser uno, lográndolo de vez en cuando y siempre.
Hoy renuncio porque me llego la hora amiga, me llego la hora irremediablemente como debía ser, como debía terminar y porque a pesar de todo no quiero renunciar, pero lo hago por principio, respeto y moral, aunque de moral no tengo nada porque te sigo soñando entre mis sabanas, sobre mi cuerpo cansado y bajo el, pidiendo lo que por ti aprendí a dar.
Hoy renuncio porque llego el tiempo de marchar, no porque me quiera ir, mas bien porque se me acabo el dinero para arrendar, necesito un sanatorio en el cual me olvide de recordar que cada vez que te vi temblé y mi estomago se anudo al escuchar tu voz através del teléfono, porque me imagine noches enteras mirando la neblina que llegaba a nuestra ventana a saludarnos y decir que esto está sentenciado a muerte, sangre y dolor, porque nuestro tiempo no era el tiempo y nuestro momento era perfecto en esencia pero retorcido para Cronos quien nos devoró como a sus hijos, solo que no existió Goya que nos retratara para una habitación oscura.
Hoy renuncio hermana, tu que drenaste mi ultima gota de veneno, para beberla sin temor, ni medir las consecuencias, tu que me diste un lugar de nuevo en este mundo, tu que me cuidaste y me diste para tomar tu sangre, tu alegría, tu lujuria, tú amor y tu pena; renuncio a tus vestidos y tus zapatos, tu retrato en el espejo, renuncio al olor a vainilla que quedo en nuestros lugares, las fotos que no revelamos y los libros que no leimos, los lugares que nunca visitamos y al nombre que invente para nombrarte, los codigos que arme para tenerte.
Renuncio a admtirte en mis sueños y mis proyecciones, pero solo es mi autoengaño, porque aun eres la dueña de eso, a pesar del tiempo, los dias o los años sigues clavada en mi pecho como la saeta a San Sebastian o el puñal en Marat, pero la diferencia es que ya no tengo revolucion por pelear.
Hoy renuncio, aunque no lo quiero, pero solo yo debo enterrar este cadáver, y asistir a este sepelio, que lánguidamente pasea por afuera de mi calle, sin comparsas ni coronas, sin lloronas ni dolientes, sin viudas ni amantes. Soy yo quien mira con pena el carro que pasa a cada giro de rueda, mas profundo se hunde tu daga que mi alma atormenta, pero renuncio aunque no lo quiera, me guardo este amor que nació para ti y que muere por tu orden y mano, renuncio compañera.
Hoy renuncio porque me llego la hora amiga, me llego la hora irremediablemente como debía ser, como debía terminar y porque a pesar de todo no quiero renunciar, pero lo hago por principio, respeto y moral, aunque de moral no tengo nada porque te sigo soñando entre mis sabanas, sobre mi cuerpo cansado y bajo el, pidiendo lo que por ti aprendí a dar.
Hoy renuncio porque llego el tiempo de marchar, no porque me quiera ir, mas bien porque se me acabo el dinero para arrendar, necesito un sanatorio en el cual me olvide de recordar que cada vez que te vi temblé y mi estomago se anudo al escuchar tu voz através del teléfono, porque me imagine noches enteras mirando la neblina que llegaba a nuestra ventana a saludarnos y decir que esto está sentenciado a muerte, sangre y dolor, porque nuestro tiempo no era el tiempo y nuestro momento era perfecto en esencia pero retorcido para Cronos quien nos devoró como a sus hijos, solo que no existió Goya que nos retratara para una habitación oscura.
Hoy renuncio hermana, tu que drenaste mi ultima gota de veneno, para beberla sin temor, ni medir las consecuencias, tu que me diste un lugar de nuevo en este mundo, tu que me cuidaste y me diste para tomar tu sangre, tu alegría, tu lujuria, tú amor y tu pena; renuncio a tus vestidos y tus zapatos, tu retrato en el espejo, renuncio al olor a vainilla que quedo en nuestros lugares, las fotos que no revelamos y los libros que no leimos, los lugares que nunca visitamos y al nombre que invente para nombrarte, los codigos que arme para tenerte.
Renuncio a admtirte en mis sueños y mis proyecciones, pero solo es mi autoengaño, porque aun eres la dueña de eso, a pesar del tiempo, los dias o los años sigues clavada en mi pecho como la saeta a San Sebastian o el puñal en Marat, pero la diferencia es que ya no tengo revolucion por pelear.
Hoy renuncio, aunque no lo quiero, pero solo yo debo enterrar este cadáver, y asistir a este sepelio, que lánguidamente pasea por afuera de mi calle, sin comparsas ni coronas, sin lloronas ni dolientes, sin viudas ni amantes. Soy yo quien mira con pena el carro que pasa a cada giro de rueda, mas profundo se hunde tu daga que mi alma atormenta, pero renuncio aunque no lo quiera, me guardo este amor que nació para ti y que muere por tu orden y mano, renuncio compañera.
Comentarios
Publicar un comentario