Un muerto en la familia

El tragaluz era un vidrio perfectamente transparente, en su esencia solo se ensuciaba debido a que su cara exterior era muy difícil de limpiar ya que era un tercer piso, la tarde penetraba cada vez más débil a través de este.

Lazaro con rostro solemne pero siempre en otro lugar, se acerco al ataúd de tela café con cuatro candelabros que iluminaban debido a la magia de la electricidad. La habitación estaba algo vacía, solo unos 5 dolientes, una viuda resignada, un hijo hombre preocupado de cada detalle y su esposa diligente, una pequeña que sollozaba y una amiga de la familia.

Antes de esto había mas gente pero debieron retirarse debido a que es aburrido estar hablando en voz baja y con respeto a los muertos. Por mucho que se le apreciara era una verdadera modorra el estar ahí al parecer.

Lezra le susurro con tono calido y sereno al oído de Lazaro "...hay un muerto en la familia", Lazaro se dio vuelta para mostrar a su relator que estaba realmente harto de sus ideas raras y comentarios que no tenían ni pies ni cabeza; al hacerlo apareció ella en la puerta. Parecía emanar, como de un fumador empedernido el tabaco, el olor a sexo y lujuria, a pesar de no estar cubierta de la pompa y atavíos con los que se cubren las personas en este tipo de ocasiones. Ella era más bien sencilla, casi ordinaria.

Lazaro la miro, ella se le acerco doliente y acongojada,"...lo siento" susurro. Que ansiedad de responder con una ironía, que necesidad de blasfemar en su oído palabras insanas y pecaminosas. Ella se retiro y se acerco a la viuda, sin antes acariciar el cabello de la pequeña. Le hablo al oído por unos minutos, la viuda se aferro a ella como quien se aferra al tronco que flota a la deriva después de un naufragio, como alguien que acaba de asimilar que no hay vuelta atrás, que estas en el punto de no retorno.

El hijo se acerco lentamente, para no interrumpir el consuelo. Pero ella al verlo por la espalda de la consolada retiro la mano de la espalda de la viuda para regalarle una caricia tierna en la mano. "... hay un muerto en la familia" volvió a repetir Lezra, Lazaro no lo escucho. Estaba boquiabierto ante el ritual que se efectuaba, era como una dominatrix de las tareas fúnebres. Ya era demasiado la excitación que le producía quería oler su pelo una vez mas por solo un par de segundos, la miro fijamente pero ella parecía no entender ya que le regalo una sonrisa afable; volteo y miro dentro del ataúd, y vio un rostro largo casi sin cejas, sus ojos hinchados le hacían parecer algo desforme, lucho por hacer flotar el recuerdo en su memoria, quería traerlo con ansias a sus recuerdos pero no podía. Nada aparecía en su cabeza, solo los ojos hinchados y el rostro verdoso del cadáver. Entonces lo comprendió todo, nunca más estaría en su mente, solo era un cuerpo sin nombre ni acciones ni logros ni historia.

Se retiro, nadie le siguió, de nadie se despidió… solo él y su perro faldero quien le dijo: “… idiota” y río a carcajadas “…hay un muerto en la familia.

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