El cabello de Lezra

El campo se presentaba nublado, todo en el aire indicaba en pocas horas llovería, porque el ambiente no estaba frio, era bastante agradable.

Era un campo enorme, a lo lejos el clásico árbol de los cuadros y a su alrededor matorrales secos que llegaban a la cintura. Lezra estaba demasiado alegre, era extraño en el esos días ya que había estado algo callado y pensativo. Corría y saltaba de un lado a otro más que un niño parecía un idiota drogado o demasiado ebrio. Era un paraje hermoso, Lazaro admiro durante unos minutos el cerro que estaba inmóvil varios kilómetros al norte o sur, a quien le preocupa eso. Saco su mano derecha y toco suavemente y sin esforzarse la hierba, dejo que acariciara con su va y viene la palma de su mano, cerró los ojos y al abrirlos se percato que muy cerca había un barranco, sintió ganas de verlo de cerca, pero no lo hizo ya que su compañero estaba demasiado eufórico, podría resbalar y caer.

Sin apartar la mano de la hierba camino hacia Lezra quien en ese momento estaba agachado mirando a una araña que se alimentaba de otro bicho que no conoció. Se paro tras de él sin dejar de contemplar el cerro que tenía un extraño color azul.

“…viene la lluvia” dijo en voz alta, Lezra no le tomo atención. Saco su mano de la hierba, y con la misma suavidad acaricio la cabeza de su poco entusiasmado interlocutor. Sin alterarse su mano izquierda fue al bolsillo trasero de su pantalón y saco un cuchillo pequeño y rustico, era viejo ya que su cacha estaba algo oxidada. Cuando la aseguro firme en su mano apretó a la vez el cabello de Lezra el cual estaba muy suave, como recién lavado.

No lo pensó, solo expuso su cuello lo suficiente y pasó de un lado a otro su filo en el cuello de su callado y resignado amigo. Una vez terminado su acto le soltó, viendole caer sin ninguna resistencia aparente más que el ahogo constante de su víctima con la sangre que brotaba rapidamente de la herida y camino tranquilamente sin contemplar nada del her moso paisaje ni del cuerpo tirado tras él.

La pieza estaba oscura, Lazaro esbozo una sonrisa delicada y elegante con sus ojos bien cerrados. Lezra había despertado un poco antes, ya que el calor no lo dejaba dormir como era la costumbre por esos dias. Lo miro y le molesto pensar como Lazaro podía dormir tan plácidamente y él tener que aguantar esa temperatura de mierda junto el sudor que cubria su piel.

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