Durmiente

Le perdonaste al viento el haber llenado tus pulmones de vida, le perdonaste al mundo el haber ignorado tu sonrisa, le perdonaste el haberle permitido a los imbéciles acariciar tu alma para sosegarla y transarla como mercancía, le perdonaste a tus iguales que te enjuiciaban como animal impuro e indigno, que juzgaran tu actuar desde un pedestal elevado en el mármol blanco y frío…

Le perdonaste a los transeúntes el haber enlodado tu piel con sus miradas, le perdonaste a la vida el azar de tu destino, de tus viajes truncados, de las responsabilidades que no quisiste y de tus amantes inconclusos, le perdonaste a dios el haberte olvidado en la desazón de la borrachera, en la desilusión de tu soledad, en tu pieza pobre y triste llena de cosas con las cuales lidiar…

Le perdonaste el olor a tabaco de alguien que huyo lejos sin dejar una carta o un poder notarial, una cuenta donde cobrar la cuota mensual de olvido, un memorial a la entrega, un monumento al cariño entregado… le perdonaste eso y mas al mundo, a quien no se preocupa ni muere por acariciarte, a quien no conoce tu piel mustia y triste, tus carnes ardientes y tramposas, le perdonaste al sol quemar tu piel como el agua bendita al diablo… solo perdonaste, firme y de corazón... y a mi, amada mía, no me perdonas el hecho de quedarme dormido entre tus brazos.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Colchon

Jarmiloj

Cuentera