Lazaro

Lazaro estaba sentado en el sillón; Lezra lo miraba nervioso desde la pequeña mesa, su respiración era acelerada y desesperante; de repente, una mujer grito en el pasillo, Lezra miro de manera rápida como un acto reflejo, sus ojos café eran grandes y se clavaron en la puerta como esperando que se abriera violentamente; Lazaro no se inmuto, seguía escribiendo en su ordenador, el teclado sonaba rápido y sincrónico, el calor les hacia sudar y este se mezclaba con el olor a cigarrillo impregnado en el comedor, el cabello sucio de Lazaro llevaba días sin lavarse, a cada momento se rascaba la cabeza, como si hubiera criado algún animal en su cuero cabelludo, constantemente retiraba con la punta de sus dedos costras de las heridas que se autogenero por el constante accionar de sus uñas. Lazaro miraba su actuar asqueado de su compañero, asqueado hasta no dar más... se equivocaba, constantemente borraba lo escrito y la fotografía que tenia al lado estaba cubierta delicadamente de las cenizas de los cigarros aspirados.
Poco a poco , Lazaro encontró el hilo de la idea, escribió por largo rato, Lezra estaba nervioso, no recordaba su nombre, no recordaba porque estaba ahí o en que momento llego a ese departamento o quien compro la replica del Guernica o los discos que tenia al costado del equipo música, los libros que yacían como telarañas por todos lados del departamento; no entendía ¿quién lo saco del desierto? , ¿quién lo llevo hasta ahí? … ¿quien es el idiota escribiendo en el computador? … la duda lo mataba necesitaba hablar, necesitaba saber que hacia ahí y fue entonces, que miro de reojo la pantalla del computador y empezó a llamarlo, como el olor a carne quemada frente al carbón, como el olor a mierda a las moscas, y lo vio como la escritura en la pared... el texto vomitado sobre el paño blanco repetía … “perdóname” mil veces, entonces lo entendió, no lo pudo soportar su ira creció como su comprensión del entorno,como el bagaje de su propio destino. Nunca existió, solo es Lazaro sentado frente al ordenador,no hubieron sueños,ni golpes,ni paseos al campo,ni fotografías,ni el desierto... solo era él, era él y su soledad, solo era él y su desprecio a sí mismo, su anhelo de no haber nacido, todo se concentro en su mente y su viaje duro siglos de siglos , se perdió en el espacio y fue sabio, conoció todo lo que la vida era, la comprendió por completo, fue capaz de leer cada señal del universo, fue capaz de acumular el conocimiento de toda la humanidad y volvieron sus ojos a abrirse lleno de sabiduría, puro, un arma de dios y la encontró, sobre la mesa el resplandeciente metal lo conocía, Colt M1911, la levanto con su derecha, estaba cargada, apoyo el cañón en la parte posterior de la cabeza de Lazaro, él lo sintió como el beso que nunca habría de llegar, como el cariño que nunca recibiría y anhelo... anhelo como nunca en su vida ser feliz, criar hijos, nietos de nietos, sembrar cientos de arboles en su casa de campo, poblar mesas y mesas con su risa, amar a una devota esposa, conversar con el vecino acerca del valor de los bienes raíces y como era posible que el gobierno admitiera tanta corrupción, soñó con dormir en una cama amplia y despertar día tras día con el sol entrando por su ventana, y que los visillos blancos decoraran su habitación, sentir que su perro le ladraba a los gatos vecinos y envejecer; pero ya era tarde, nada importaba, todo se borraría, alcanzo a ver parte de su cerebro pegado en la pantalla después del trueno del primer tiro. Su cabeza cayó sobre el teclado, el carmesí de su vida era hermoso, sus ojos bellos en su forma no en el color quedaron abiertos para siempre para observar todo, observar la vida, la muerte y entender que no hay nada después de esta vida, solo la muerte eterna. Lezra se sintió alegre, feliz, el arma fue a dar a su cien sin dudarlo un segundo, jalo fuerte y firme la máquina de matar dejando un hermoso rastro de sangre en la pared, era tan hermoso como su hermano.

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