Gato

La miro del otro lado del techo; su cabellera era hermosa y sus ojos como dos piedras preciosas. Ella correspondió coquetamente su mirada, los pájaros sobre el olivo hacían la banda sonora, la tarde era perfecta, ágilmente salto hacia donde estaba, ronroneo un par de veces a su oído y a vista de todos los vecinos empezó su accionar rápido y sincrónico. Los únicos testigos eran las ventanas mudas de los edificios colindantes, las paredes enmohecidas y mis ojos tras el cristal de mis lentes oscuros.

Decidí dejar de mirarlos por respeto al único amor que considero verdadero.

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