Perro

Ernesto estaba acurrucado, el día era lo bastante frío como para buscar la compañía de alguna de las pandillas de perros que se asilaban frente a la posta central. ¿La razón? , muy simple es el lugar donde indigentes establecían sus campamentos nocturnos por ende todos se acercaban para transformar los cuerpos humano animal en estufas, por otra parte le causaba curiosidad el hecho que habían pasado varias semanas desde que no veía a Tatan un cocker joven de orejas apelmazadas como rastafari. Según le contó una vez el era de una casa en el barrio alto, tenia una familia con 2 niñas como propietarios. Un día decidió acompañarlos a comprar pero extravío la vía y su olfato nunca lo regreso a casa, de esto fueron unos 2 años; sentía pena porque pensó que nadie lo había buscado, pero era tan bajo que no veía los letreros publicados con su foto y la garabatearía que dibujan los hombres.

Levanto la cabeza para mirar a unos niños que pasaban por el lugar, a lo mejor alguno tiene alguna galleta o algo para echarle a la guata, ni siquiera se percataron del alegre movimiento de su cola; pero vio algo, entonces empezo a levantarse para irse ahí. Era el Tuna, un perro grande, pelo negro y pegado a la piel, y con 2 orejas pobladas en su totalidad por la tiña. Lo miro y empezó a caminar en sentido contrario, mientras el Tuna tomaba el hueco de cemento que tanto le costo abrigar, pero tenia suerte porque el Tuna estaba de buen humor y no se abalanzo sobre el como la ultima vez.

Decidió ir la Alameda, a lo mejor habría algún basurero con algo para llenar el vacío que le provocaba dolor en el estomago, aparte que es domingo y los locales cierran temprano y debe andar algún auxiliar tirando mucha comida ya que en las 2 fuentes de sodas acostumbraban a botar lo que no se uso en mucho tiempo los domingos, un manjar para su hambrienta persona.

Habían tres perros chicos en la esquina y les pregunto si sabían si los de la fuente de soda habían tirado algo, le respondieron que no sabían y que los tres aguardaban lo mismo. Había uno negro con blanco que le decían Colo Colo, Ernesto le dijo que lo había visto un par de veces con el Tatan y que quería saber noticias de él, Colo Colo lo miro y le dijo que estaba mejor del atropellamiento que había sufrido hace 5 días atrás que dejo como saldo un taxista furioso porque al darle al perro le rayo la camioneta de otro tipo cerca de Lira, nadie tuvo la cortesia de preguntarle a él por su pata que quedo muy complicada, por otra parte que quede tu pies tan mal alguna consecuencia trae, así que decidió irse un par de semanas a Bellavista donde tiene varios perros conocidos.

Ernesto no daba más del hambre, los tipos al parecer no tiraron nada de nada, ya estaba anocheciendo y el frío no le estaba cayendo muy en gracia, sus tres compañeros hacían bromas acerca de la cara peluda de Colo Colo, a lo cual el solo los miraba, sin responder nada. Ernesto decidió irse, son demasiadas horas esperadas en vano y quería ver si algún indigente amigo quería meterlo entre sus cartones y si tuviera mas suerte aun podrían compartir un trozo de pan, solo pidió que no fuera Don Cesar porque la ultima vez se acostó tan borracho que varias veces lo aplasto moviéndose de lado a lado durante la noche.

Tomo Diagonal Paraguay, dudo varias veces en cruzar ya que el transito estaba demasiado expedito. Se encontró con Jack metido hasta el cuello en una bolsa de basura, era los huesos de un pollo asado. Ernesto pensó que Jack tendría la decencia de invitarle tal vez los huesos de las alas o el espinazo, pero Jack al parecer tenia mucha hambre por lo que le mostró los dientes cuando se acerco. Mal día, cuando conoces a alguien y toma una actitud como esa es mejor irse, por otra parte mal por él porque la próxima que el peruano tire la basura de su local de completos siempre le da de comer unas ricas vienesas mascadas, le hace un plato y se lo da, pero solo lo hace cuando Ernesto esta, ya que no quiere al Jack porque una vez trato de morder a la nieta. Por el solo atrevimiento el peruano le dio una patada lesionándolo por varios días.

Portugal esta vacío, nadie esta, bueno quien lo estaría con la temperatura, busco y busco , pero nada ni perros ni humanos, ni cartones, el frío le calaba los huesos, el hambre le calaba el espíritu. Decidió dormir. La gente pasaba por su lado, y nadie llevaba nada, si tenia la chance de arrebatarle comida a alguien no lo dudaría ni un segundo, pero nadie come. Se resigno y dio un par de vueltas en si mismo para finalmente acurrucarse. No podía dormir, el frío no lo dejaba, aparte el cemento esta mojado ya que paso la maquina limpiadora. Ya no tenía ganas de caminar más, ya estaba muy cansado. Bueno, pensó, la esperanza es lo último que se pierde y cerró los ojos.

Soñó que estaba en el parque Bustamante cuando unos hippies le dieron un montón de pan duro, y nadie mas lo vio así que se los comió todo el, que día mas providencial, se quedo con ellos toda la tarde, llego a sentir que lo querían para ellos, pero termino el día y se retiraron corriéndolo varias veces cuando trato de seguirlos. Comenzó a soñar que estaba de nuevo abrigado en el rincón que antes tenia en Santa Rosa y que lo cerraron para construir un edificio. Soñó cuado de agarro a mordiscos con un perro gordo y chato que le quería quitar la chance de una dama para jugar a cosas de grande, lo cual finalmente termino con un placentero coito. Su corazón empezó a callarse, pero el no se dio cuenta sus sueños eran interminables, caía en uno y en otro, ¿quien quiere despertar?

Al día siguiente salio una mujer de la puerta blanca y le hablo, el no contesto, le pregunto donde se había metido todo el día, el no abrió los ojos. “Maria…” grito la mujer hacia el interior “…trae una bolsa de basura, se murió el café”.

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