El Acordeón
El olor a naftalina se impregnaba en la nariz haciéndose tan natural al entorno como el frío de la loza. Era una gran sala de techos altos y doble piso, se notaba que albergo cosas pomposas en la antigüedad de sus años, transformándose solo en un contenedor de miseria e indignidad de la vida misma, “acá se tasa lo que te costo sudor y lagrimas, pero te brindo alegría”.
El estuche estaba algo gastado, en su interior relucía orgulloso y brillante un enorme acordeón granate. “… lo use cuando tocaba ranchera”, dijo como disculpándose con el mundo, su receptor no le tomo importancia, ya que estaba demasiado cerca la hora de cerrar y no quería perderse por nada del mundo el partido.
Tomo el estuche verificando que los pestillos estuvieran cerrados y llevó el objeto a la mesa trasera la cual tenia algunas cajas y cosas que se recibieron durante el día de trabajo. Saco el instrumento de su estuche, con algo de cuidado para evitar golpearlo. Lo miro de manera detenida, pero sin exagerar, se lo monto y empezó a presionar el piano y los demás botones, obviamente apretando y relajando la membrana impecable de éste, se notaba sin ser un experto que no sabia como tocarlo y que solo verificaba que sonara. Esta operación no duro más allá de tres minutos, y lo regreso nuevamente a su guarida y cerró.
“Es un Honner, y esta muy bien cuidado” afirmó esperando alguna buena señal que nunca recibió, al otro lado de la barra el técnico se sentó frente al computador anotó un par de cosas, luego volvió a pararse, levantó el estuche como tomando su peso, nuvamente en la silla y escribió. Sin dejar de digitar dijo “son 30 mil pesos “. El pobre músico le miro con cara de decepción y dijo nuevamente “es un Honner y esta muy bien cuidado”, el dependiente lo miro y le dijo, “lamentablemente esto es lo que arroja el sistema, las alhajas son mejor avaluadas”, sin cambiar el tono pregunto “¿va a empeñarlo?”, el músico lo miro como pidiendo una limosna, él no capto el mensaje y al percatarse de ello solo asintió con la cabeza.
La boleta empezó a emerger de la impresora de puntos, con su ruido característico, el cual se tapaba con las noticias de la televisión que estaba para entretener a los que esperaban. La corto rápidamente y le hizo firmar la boleta original y las tres copias restantes, “tiene a partir de la fecha de hoy un año para renovar el préstamo y de ahí seis meses más para otra renovación, sino realiza ninguna de las renovaciones perderá el articulo”, solo asintió con la cabeza, “ahora pase por la caja…siguiente” y entro la joven que estaba tras de él con un niño de un año aproximadamente que no parab de llorar.
La caja era un cubículo pequeño, en su interior una mujer despreocupada atendía el teléfono “si Don Camilo, ya están hechos los ingresos. No Don Camilo es solo lo correspondiente a electrónicos.”, pauso la llamada como escuchando indicaciones. “Don Camilo ese informe será generado la próxima semana el 25 para tener todo antes del remate”. El músico solo espero, miro un poco la sala, estaba con mucha gente pero no había impaciencia en sus miradas. “Esta bien Don Camilo despreocúpese” termino y colgó, sin mirar le dijo “cedula”, saco una billetera de cuero negra gastada y extrajo el documento dejándolo en el deposito, la mujer miro la boleta y el carnet verificando que todo estuviera correcto, sacó una copia y se la entregó, tomo un billete de 20 y otro de 10 y lo puso junto con el carnet en el depósito metálico. Los tomó rápidamente y agradeció la atención, cuando quiso salir se percato que estaba la reja cerrada, miro hacia atrás, para buscar al guardia el cual ya se había dado cuenta de su presencia, fue y extrajo un manojo de llaves de su bolsillo y abrió el candado.
Salió, era un medio día soleado y frío, clásico del invierno en las zonas no costeras. Camino por la calle empedrada de color plomo metálico, mas allá afuera del estacionamiento una mujer de unos 27 años se le acerco, sus pechos eran grandes y toscos, usaba un blue jeans apretado, el cual solo era un claro indicio de su mal gusto para vestir; saco lo adquirido a cambio de su tesoro y se los pasó. La mujer se retiro sin antes decir “chao, cualquier cosa me avisai’ pus” y se fue. El músico la miro, y luego miro al calvo que cuidaba los autos estacionados, el cual tenia una cara de sueño y borrachera.
Volvió su vista a ella y pensó “un acordeón no vale 3 horas de polvo ni cagando” y se fue hacia el otro lado.
El estuche estaba algo gastado, en su interior relucía orgulloso y brillante un enorme acordeón granate. “… lo use cuando tocaba ranchera”, dijo como disculpándose con el mundo, su receptor no le tomo importancia, ya que estaba demasiado cerca la hora de cerrar y no quería perderse por nada del mundo el partido.
Tomo el estuche verificando que los pestillos estuvieran cerrados y llevó el objeto a la mesa trasera la cual tenia algunas cajas y cosas que se recibieron durante el día de trabajo. Saco el instrumento de su estuche, con algo de cuidado para evitar golpearlo. Lo miro de manera detenida, pero sin exagerar, se lo monto y empezó a presionar el piano y los demás botones, obviamente apretando y relajando la membrana impecable de éste, se notaba sin ser un experto que no sabia como tocarlo y que solo verificaba que sonara. Esta operación no duro más allá de tres minutos, y lo regreso nuevamente a su guarida y cerró.
“Es un Honner, y esta muy bien cuidado” afirmó esperando alguna buena señal que nunca recibió, al otro lado de la barra el técnico se sentó frente al computador anotó un par de cosas, luego volvió a pararse, levantó el estuche como tomando su peso, nuvamente en la silla y escribió. Sin dejar de digitar dijo “son 30 mil pesos “. El pobre músico le miro con cara de decepción y dijo nuevamente “es un Honner y esta muy bien cuidado”, el dependiente lo miro y le dijo, “lamentablemente esto es lo que arroja el sistema, las alhajas son mejor avaluadas”, sin cambiar el tono pregunto “¿va a empeñarlo?”, el músico lo miro como pidiendo una limosna, él no capto el mensaje y al percatarse de ello solo asintió con la cabeza.
La boleta empezó a emerger de la impresora de puntos, con su ruido característico, el cual se tapaba con las noticias de la televisión que estaba para entretener a los que esperaban. La corto rápidamente y le hizo firmar la boleta original y las tres copias restantes, “tiene a partir de la fecha de hoy un año para renovar el préstamo y de ahí seis meses más para otra renovación, sino realiza ninguna de las renovaciones perderá el articulo”, solo asintió con la cabeza, “ahora pase por la caja…siguiente” y entro la joven que estaba tras de él con un niño de un año aproximadamente que no parab de llorar.
La caja era un cubículo pequeño, en su interior una mujer despreocupada atendía el teléfono “si Don Camilo, ya están hechos los ingresos. No Don Camilo es solo lo correspondiente a electrónicos.”, pauso la llamada como escuchando indicaciones. “Don Camilo ese informe será generado la próxima semana el 25 para tener todo antes del remate”. El músico solo espero, miro un poco la sala, estaba con mucha gente pero no había impaciencia en sus miradas. “Esta bien Don Camilo despreocúpese” termino y colgó, sin mirar le dijo “cedula”, saco una billetera de cuero negra gastada y extrajo el documento dejándolo en el deposito, la mujer miro la boleta y el carnet verificando que todo estuviera correcto, sacó una copia y se la entregó, tomo un billete de 20 y otro de 10 y lo puso junto con el carnet en el depósito metálico. Los tomó rápidamente y agradeció la atención, cuando quiso salir se percato que estaba la reja cerrada, miro hacia atrás, para buscar al guardia el cual ya se había dado cuenta de su presencia, fue y extrajo un manojo de llaves de su bolsillo y abrió el candado.
Salió, era un medio día soleado y frío, clásico del invierno en las zonas no costeras. Camino por la calle empedrada de color plomo metálico, mas allá afuera del estacionamiento una mujer de unos 27 años se le acerco, sus pechos eran grandes y toscos, usaba un blue jeans apretado, el cual solo era un claro indicio de su mal gusto para vestir; saco lo adquirido a cambio de su tesoro y se los pasó. La mujer se retiro sin antes decir “chao, cualquier cosa me avisai’ pus” y se fue. El músico la miro, y luego miro al calvo que cuidaba los autos estacionados, el cual tenia una cara de sueño y borrachera.
Volvió su vista a ella y pensó “un acordeón no vale 3 horas de polvo ni cagando” y se fue hacia el otro lado.
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