Hijo, se va a arrepentír después

La puerta del hospital estaba llena de personas que querían entrar, una se había cortado un dedo, otra era un viejo que apenas respiraba y dos gendarmes cuidando a un tipo de pechera amarilla y esposado, tenia un rostro humilde pero mirada seca, como si creyera que el mundo le debía algo.

Lázaro se acerco a la puerta y pronuncio su nombre, casi inmediatamente una mujer de lentes y sonriente salio por la puerta principal tendiéndole la mano y le hizo pasar, ya que Estelita le había encargado que no le retuviera el papeleo.

Lázaro estaba sucio, la solicitud acelerada de su presencia en el Hospital no le permitió ni siquiera sacarse el olor a tierra y sol que traía sobre él, por otra parte el lugar no era lo suficientemente higiénico como para exigir una limpieza pulcra.

El pasillo era largo, con camillas a los costados, y caía en otro pasillo un poco mas corto, cuando entro a este una mujer salió al paso. Era alta y le trato solemnemente, dejándole claro que ella estaba en total desacuerdo con su presencia ya que el asunto no le competía. Lázaro solo le respondió que su opinión importaba un soberano pepino y sin alterarse siguió su ruta, algo lo llamaba. Cuando llegaron a una puerta blanca de doble pestaña, su acompañante le pidió aguardar. Mirando se dio cuenta que el camino que había tomado era mas larga que la de acceso principal, si hubiera llegado por la otra calle no tendría que haber caminado tanto. Aparte le ponía nervioso la mujer que amamantaba a un pequeño y no le apartaba los ojos de encima...

Finalmente empezó a pensar en el departamento, hay tanto por hacer, tanto que arreglar. Sin medir nada se levanto de la silla donde acababa de sentarse y decidió salir por la ruta mas corta de acceso. Le llamaron, él no miro atrás, la señora de lentes salio tras el, pero no se detuvo... "¡hijo, se va a arrepentir después!" pero el ni siquiera escucho la frase.

Una vez en la calle camino hacia la avenida principal, en la esquina había una plaza y unas bancas, Lezra le esperaba allí, lo vio y se levanto para caminar hacia el. "... No te lo mereces" le dijo, "... no te lo mereces" se lo repitió con rabia. Lázaro abrió sus ojos con una cólera asesina y se acerco al orador y le replico "¿...merecer? ¿Merecer? que sabes tu de merecer"... arrojándole un par de billetes y monedas en el pecho... se alejo solo.

Comentarios

  1. mientras leia me fui sumergiendo en lo que escribe y se me vino a la mente en que pensaba cuanod escribió, qué es lo que sentía, que ocurria mientras escribió. aveces esta respuestas no llegan y uno se queda ocn la sensación que deja la lectura de un escrito que puede tener múltiples lecturas.

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  2. gracias por regalarme dos instantes de tu vida uno para leer lo que escribo y otro para comentar, no nuchos lo hacen.
    Gracias

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